María José Arruabarrena,


Dado el primer paso en la Arrancada no hay posibilidad de marcha atrás. Ni tan siquiera de detenerse un solo segundo. El ritmo viene marcado y las cantineras han de seguirlo con naturalidad y paso firme. Es el Alarde.

Y son tantos los pasos que han de dar a lo largo del día, que las botas constituyen la base más elemental del atuendo. Dicen que no deben quitárselas en todo el día, pues la hinchazón producida durante el desfile, dificultaría volver a calzarse. Por eso es importante que alguien, desde el primer momento, convierta esas botas de lona  en un par de guantes para los pies. No se permiten errores. Como un  plegador de paracaídas, cuyo descuido tendría consecuencias fatales, en el caso que nos ocupa, las cantineras, un mal pliegue o una simple rozadura, supondría convertir uno de los días más felices de su vida en una jornada insufrible.

María José Arruabarrena, de apellido con solera sanmarcialera en el barrio de Anaka, , acepta cada año el reto y la responsabilidad de cuantas cantineras dejan sus pies en sus manos.

A horas intempestivas, ella es siempre la primera en llegar al domicilio de la cantinera, donde lleva a cabo su labor en algo menos de una hora.

Si algún día tienen ocasión, no se pierdan este ritual que, personas como María José, han convertido en arte.