Desde hace una década, cuando se acercan los "Sanmarciales", hay un soldado de la Compañía del Barrio de Anaka, Danieltxo Fernández, que en un inusitado gesto de generosidad prepara una sorpresa a la cantinera elegida.

 

La puesta en escena no puede ser más original y vistosa.

Ahora es un esperado secreto a voces, pero en las primeras entregas fue todo un espectáculo.

Ajena a todo este montaje, la cantinera era citada en un determinado lugar para un supuesto reportaje fotográfico. Minutos más tarde, tras colocarle un gran guante de cuero de cetrería, veía venir volando hacia su brazo un precioso ejemplar alado -a veces un búho real, un águila en otras- con un paquetito anudado a una de sus garras.

 

Recuperada del susto y una vez abierto el regalo, se encontraba con un valioso colgante de oro, en el que aparecía grabado el logotipo de la Compañía con el nombre de la cantinera en el reverso.

 

Un regalo que llega del cielo y en este caso de la mano de alguien que defiende a ultranza nuestro Alarde y su Compañía del Barrio de Anaka, y quien a pesar de su natural y a veces excesiva  forma de expresarse, tiene un corazón que no le cabe en el pecho.