Alguien dejó escrito que por falta de una herradura se perdió un caballo; por un caballo, una batalla, y por una batalla, un reino”. 

Los herradores siempre fueron considerados hombres honorables y muy buscados. En la Edad Media no estaban asimilados con los siervos, sino que eran hombres libres. Eso pertenece a la historia.

También nuestro Alarde es historia viva, en la que el herrador es una figura indispensable, aunque carece de reconocimiento oficial. Su labor pasa casi siempre desapercibida y solo en determinados momentos, se reconoce su importancia.

José Luis Pérez Odriozola, "Pepelu", vive en el Barrio de Anaka pero nació en Mendelu y es el segundo de una familia de siete hermanos. Seis varones y una chica, Consuelo, que fue cantinera en 1965.

Jubilado de "Alco", empresa en la que trabajó durante 30 años, es también muy conocido en los ambientes deportivos, ya que una de las pasiones de "Pepelu" es el fútbol, siempre con el C.D. Mariño, donde empezó a colaborar con el equipo infantil en 1987. Desde 2004 es delegado del primer equipo femenino, recientemente ascendido a Segunda División nacional.

 

Pero volvamos al tema que le ha traído a nuestra Página de Anaka. José Luis es uno de los pocos herradores que quedan en nuestra comarca. Actúa por vocación  y le hemos pedido que nos hable de este noble oficio no exento de  riesgo, de su trayectoria profesional y de su especial participación en los Alardes de Irun y Hondarribia.

"Mi primer contacto con este oficio lo tuve durante la 'mili', en Loyola. Soy de la quinta del 69. Pero de quien aprendí fue de un gran herrador, Lasalle, residente en Biriatou, donde tenía su herrería. Iba con él siempre que podía, y le ayudaba a cambio de alguna propina. Hacia 1980 comencé a herrar solo. Creo haber recorrido casi todas las hípicas de la zona, en algunas de ellas alternando labores de palafranero y herrador. Pero mi relación con los caballos comenzó mucho antes. Algunas de las 'piperras' de la escuela eran para llevar mulos desde la Aduana hasta Hendaya. También con algunas vacas que llevábamos a la feria de la plaza de Urdanibia, desde Mendulu, atravesando todo el Paseo de Colón, algo impensable en la actualidad."

 

Nos habla de su especial participación en el Alarde "Mi relación en los Alardes como herrador comienza en 1997. Empecé en el de Irun. El entonces comandante Javier Iriarte, -que es primo de mi mujer Mª  Ángeles Etxeberría-  fue quien me propuso ocuparme del cuidado de los caballos de forma, por así decirlo, "oficial". No lo debí hacer tan mal, porque al año siguiente me llamaron también de Hondarribia; y ahí sigo en los dos Alardes, hasta hoy".

Reconoce que ha pasado por algunos momentos difíciles "El más comprometido tuvo que ver con la caída del general Satur Irbargoyen en la entrada de la plaza de San Juan. El lastimoso estado en el que quedó el caballo tras el golpe nos obligó, a mi hermano Paco -que en ese momento desfilaba en la Cía. Sta. Elena- y a mí, a poner en práctica toda nuestra experiencia para lograr ponerlo en pie y evitar ser testigos de una escena más fuerte que nadie hubiera deseado"

 

Su actividad fuera de los Alardes guarda alguna que otra anécdota: " Estando en el rancho 'El Álamo' tuve la oportunidad de ir a Logroño a un concurso de saltos preparatorio para los olimpiadas, al que acudí por invitación de Arandia, persona muy vinculada al mundo hípico. Fue entonces cuando coincidí con el  famoso jinete Luis Astolfi. Al ver el cuidado que dispensaba a los caballos, se interesó por mi trabajo, llegando incluso a proponerme que lo hiciera para su cuadra. Permíteme que no te cuente el motivo por el que no llegamos a un acuerdo"

 

Nos comenta los avatares de su "oficio" de herrador. "Es muy difícil herrar sin reconocer previamente al caballo. Saber si es manso,  agresivo, desconfiado o simplemente asustadizo. Hay que ser siempre consciente de la fuerza que tiene el animal, que puede hacerte mucho daño con una patada, incluso con un 'cariñoso' mordisco". De las herramientas que habitualmente utiliza... "Este oficio no ha cambiado mucho con el paso de los años y el ´'instrumental' sigue siendo el mismo de siempre: cuchilla, martillo, clavos, tenazas, sacabocados, gubia, escofina...".

 

Para ilustrar nuestra ignorancia le pedimos nos explique el porqué del herraje y su proceso. "Las patas del caballo son proporcionalmente muy pequeñas respecto a su cuerpo y por eso requieren de cuidados especiales. El casco no deja de crecerle durante toda la vida y, dependiendo del suelo que habitualmente pisa, se desgasta más o menos. De ahí la necesidad del herraje cada tres meses aproximadamente. Se empieza por comprobar de que todo está bien y que no tiene ningún problema en la ranilla, en cuyo caso hay que tratarla con algún preparado veterinario. Si ya estaba herrado, hay que desclavar la anterior, limpiar, rebajar el casco, buscar la herradura adecuada y colocarla procurando que los clavos no toquen ninguna parte sensible del animal. 

 

De nuestra conversación con "Pepelu" deducimos que, para ser un buen herrador, además de destreza  se requiere algo más. Por eso preguntamos a nuestro interlocutor si él es uno de los que susurra a los caballos "No he llegado a tanto pero sí les hablo durante el herrado. Hay palabras, o sobre todo sonidos, que el animal interpreta a su manera y sirven para tranquilizarle o simplemente para advertirle que en esos momentos eres tú quien controla la situación"

Gracias, "Pepelu". Nos vemos el 30 de junio. 


junio 2014