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Un pescador de altura |
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Hace bastantes años que Imanol decidió pasar de la rutina diaria del ferrocarril a los espacios abiertos donde dice haber encontrado su verdadera vocación y su medio de vida. Es uno de los pocos iruneses enrolados en uno de los pesqueros de la vecina Hondarribia, pero no en un bote cualquiera. El “Itsas lagunak”, con sus 33,5 m. de eslora y su moderna tecnología es uno de los barcos insignia de la flota de bajura. De la mano de Imanol, hemos tenido la oportunidad de subir a bordo, saber algo más sobre la vida en alta mar, de la pesca del bonito y tomar algunas fotos para este reportaje. Entretanto sus compañeros se afanan en cargar víveres antes de zarpar para una atípica marea.
Web: Cualquiera diría que se preparan para un documental de "National Geographic"…
Imanol: Desde hace algunas campañas nuestro barco ha sido elegido por los biólogos de AZTI (Centro Tecnológico de Investigación Marina) para los trabajos periódicos que realizan para el control de la pesca de la anchoa. Salimos a pescar, pero nuestras capturas no se podrán a la venta. Servirán tan solo a los técnicos que nos acompañan para realizar estudios, sondeos y obtener numerosas muestras durante los próximos doce días.
W.: Vale. De los resultados nos enteraremos por la prensa. Yo venía con la intención de que me hablara de su primer contacto con el mar, de la vida a bordo, de la pesca del bonito…
I.: Mi primer enrolamiento digamos que fue sencillo. Al haber cumplido el servicio militar en la marina solo tuve que convalidar los estudios de náutica, salvamento, etc. que había realizado en El Ferrol. Mi primer trabajo lo encontré a bordo del "Miren Begoña" y al cabo de tres años pasé al “Faro de Amandarri”. Cuando lo desguazaron tras sus 40 años de servicio, pasé al “Itxas lagunak” donde me encuentro muy a gusto. He estado en campañas en Mallorca, Irlanda y en la zona del estrecho de Gibraltar.
I.: Siempre hay pequeños trabajos que realizar a bordo, además están las guardias. Hay que mentalizarse de que en una marea de 15 días, al menos 10 de ellos se utilizan para llegar a los caladeros, llenar las bodegas y regresar a puerto. Me encanta la fotografía y tengo cientos de fotos faenando y de otras escenas más relajadas. Disfruto con los amaneceres y puestas de sol. Los cielos me fascinan.
W.: ¿Qué me cuenta de la convivencia a bordo?
I.: Es uno de los aspectos más importantes. A veces se resiente, sobre todo si las capturas escasean, pero en nuestro caso puede decirse que la tripulación está formada por un grupo de 16 amigos con una media de edad que ronda los 36 años. Se da la circunstancia de que somos uno de los pocos barcos que no cuenta con extranjeros.
W.: Imaginemos que zarpamos a la pesca del bonito….
I.: Lo primero es cargar víveres, hielo y combustible. Nos lleva un buen tiempo llenar los tanques con unas veinticinco toneladas de gasoil. Pongamos que para una estancia de dos semanas, se cargan cuatro sacos de patatas, veinte docenas de huevos, un par de arcones de carne congelada, alubias, garbanzos, verduras y unos ocho mil litros de agua potable.
W.: ¿Y luego?
I.: La víspera hay que llenar los viveros. La anchoa está en veda por lo que hay que recurrir a las “parrotxas” (pequeñas sardinas) y “pelicatos” (pequeños berdeles) especies que se utilizarán como cebo vivo. Una vez localizado el banco se empieza a echar el cebo, mientras se riega el mar con una potente manguera para crear el efecto de un banco de anchoas. En ese momento, los bonitos, muy excitados, comienzan a morder todo lo que encuentran, entre ello los cebos que los pescadores lanzan con sus cañas. En medio de este barullo van surgiendo los bonitos que son izados uno a uno con la ayuda de un gancho que nosotros llamamos "kroka". El más mínimo error puede resultar fatal. Basta conque uno los peces escape o que perciba el brillo de un bichero o un anzuelo para que desaparezca todo el bando.
W.: Tenemos entendido que se utilizan también otras técnicas.
I.: Sí, la cacea. En Hondarribia existen todavía unos seis u ocho barcos que la practican. Es un arte muy habitual entre las flotas gallegas y asturianas. Ellos la denominan “curricán”. Con el barco en marcha, se utilizan largas cañas que arrastran un señuelo o un pez artificial. Se trata también de una pesca selectiva ya que los bonitos se pescan también uno a uno.
Nos despedimos de Imanol, no sin antes agradecer las facilidades para este reportaje a su patrón Beñardo Sistiaga, quien seguidamente se asoma en el puente y ordena soltar amarras. Con alguna dificultad saltamos a tierra y esperamos a que el "Itxas lagunak" se ponga en marcha. Les vemos alejarse. Al cabo de algunos minutos es solo un punto en el horizonte.
El "Itsas lagunak" PARA SABER MÁS El bonito es
una especie que se captura en el Cantábrico entre los meses de junio
a octubre, cuando la temperatura del agua marina oscila entre los 20
y 21 grados. El peso óptimo de este pescado oscila entre 10 y 13 kilos, aunque excepcionalmente puede llegar a los 25. A pesar de existir notables diferencias, entre los consumidores existe un alto grado de confusión entre el llamado “bonito del norte” y el atún. El bonito es negro azulado por encima y plateado por abajo. Tiene una banda azul iridiscente que recorre los laterales. No lleva ninguna mancha y muestra una línea que delimita la parte posterior de la aleta caudal. Pero el detalle que lo identifica entre los demás túnidos son sus largas aletas pectorales que le llegan hasta el borde posterior de la segunda aleta dorsal. Desde el punto de vista culinario, la carne del bonito es más sabrosa y su textura muy suave. Además el color es mucho más blanco. Conviene no confundir con el llamado “atún claro” que encontramos en muchas conservas y que se caracteriza por tener un aspecto más rosado.
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