Si hay una persona carismática en la historia reciente de la Compañía del Barrio de Anaka, esa es "Piti".

Que nosotros sepamos, salvo su amatxo Mª. Ángeles (q.e.p.d.), nadie le ha llamado  nunca por su nombre de pila. Incluso su mujer, Pilar, se refiere a él siempre como "Piti".

 

José Ignacio Elizalde, "Piti" es probablemente uno de los personajes más populares de nuestro Barrio. Los que le conocemos desde la infancia, hemos sido testigos de sus incontables peripecias.

Desde siempre fue un destacado deportista. Su velocidad quedó pronto probada en aquellas primeras carreras a pie... la mayoría delante de algún "cashero" al que "Piti" había birlado algunas manzanas en las cercanías de "Puiana", donde nació.

Muy pocos saben que nuestro hombre fue jugador en unos de los primeros equipos del actual Rugby Club Irun, aunque finalmente se decantó por el fútbol. Se dio a conocer en el "Sporting de Anaka", en los años sesenta. Colaboró con el C.D. Mariño en la creación del Club, ocupándose de uno de los primeros equipos. No lograron convencerle para que jugara con el Real Unión y decidió integrarse en uno de los equipos de categoría regional más queridos de los años setenta, el C.D. Palmira, pero en este caso de entrenador.

 

Por su estatura , su carácter afable y dicharachero,  y su peculiar mostacho, se convirtió pronto en uno de los personajes más conocidos de la comarca del Bidasoa.

 

La vida de "Piti" ha estado siempre íntimamente ligada a su querido Barrio de Anaka.

Primero fue alférez y durante doce años fue capitán de la Compañía del Barrio de Anaka. Fue durante la última fase de su mandato cuando se produjeron en la Compañía los importantes cambios que, con el paso de los años, han convertido a la de Anaka en uno de los referentes de nuestro Alarde.

 

Entre la gran cantidad de anécdotas que se pueden contar de "Piti", destaca la relacionada con el primer sable que llevó siendo alférez. Sus amigos  decidieron hacerle un regalo y en plan bricolaje le “fabricaron” un artilugio que pomposamente llamaron sable. Tenía una característica que muy pocos conocían, su tamaño, diez o quince centímetros más corto que el reglamentario. Era un sable “a medida”.