Mucho antes de que se convirtiera en uno de los parques ecológicos más importantes de la costa vasca, Plaiaundi ha sido durante mucho tiempo uno de los enclaves naturales más degradados de nuestra ciudad. 

Plaiaundi Año 1930

Plaiaundi fue en su origen un hábitat incomparable formado por la sedimentación de materiales arrastrados por el río Bidasoa y que en los tres últimos siglos ha padecido una paulatina metamorfosis.

Dibujos en los que se refleja la progresiva degradación del estuario del Bidasoa entre los siglos XVII y XX.

Los distintos núcleos urbanos (marcados en rojo) han ido comiendo terreno a las zonas de marisma (marcadas en verde), de las que Plaiaundi es parte importante.

Empezaremos por recordar que Playaundi se encuentra dentro de los límites de nuestro Barrio de Anaka.

Las numerosas "modificaciones" de las que fue objeto la zona comienzan a finales de la edad media, a medida  que las gentes iban necesitando más tierras de labor. Pero es a partir del siglo XVI cuando se intensificó la actividad agraria y se inició  una creciente desecación, no solo de Plaiaundi, sino del resto del estuario del Bidasoa. En épocas más recientes, el uso que se ha dado a estos humedales ha sido de lo más variado. He aquí, en orden cronológico, algunos de los que hemos ido entresacando -más abajo destacados en negrita- de un somero repaso cronológico del fondo histórico de nuestro Archivo Municipal.

Así encontramos que en 1862 hubo un criadero de ostras explotado por Manuel Emparan y otro en 1880 autorizado a Juan Arana. Entre otras actividades industriales, en 1918 aparece un permiso para la construcción de un pabellón de sierras para los astilleros del Bidasoa, de Antonio Mendizábal.

La actividad deportiva en Plaiaundi no es nueva. Ya en 1926, Martín Gaztelumendi solicitó la cesión de un campo de deportes destinado a los niños. Las riadas de 1931 y 1934 causaron estragos y las mareas destruyeron varios diques. Para su reparación, el ayuntamiento acordó conceder a los usuarios de los terrenos, en su mayoría maizales de los caseríos próximos, indemnizaciones de 500 pesetas. 

Con el paso de los años llegaron las grandes infraestructuras, como las instalaciones ferroviarias, la construcción de la variante de la N-1 y el aeropuerto.

Las gestiones que varios iruneses, con Ricardo Figueredo al frente, vinieron realizando desde 1920 para el establecimiento de un aeródromo, tardaron más de treinta años en consolidarse. Finalmente, el 23 de agosto de 1955  quedó inaugurado el aeropuerto, si bien aquellas instalaciones eran muy mejorables. Recordamos todavía en nuestra infancia, la fábrica de conservas habilitada como terminal de pasajeros. La pista inicial de 1200 m. tuvo sucesivas ampliaciones llegando a los 1500 m. en 1961, hasta los actuales 1754 m. prolongados en 1969.

Durante décadas, Plaiaundi fue también escenario de una intensa actividad cinegética.

En 1973, el "Instituto Plaiaundi" ocupó una buena porción de terreno.

Llegados a la década de los 80 la degradación de la zona parecía irreversible. Toneladas de residuos de construcción, con rellenos de varios metros de espesor, fueron depositadas en Plaiaundi, que sufría al mismo tiempo un dragado continuado en sus inmediaciones, estableciéndose al efecto un área para el depósito de grava y arenas. Proliferaron las chabolas y el aspecto de abandono en determinadas zonas era preocupante.

En 1983 se construyó el campo de rugby.

En 1994, el Plan Especial de Protección y Ordenación de los Recursos Naturales del Área de Txingudi, contemplaba para Plaiaundi un drástico proyecto de restauración que tuvo lugar en la primavera de 1998. Comenzó con la eliminación de las huertas y el traslado de la mayoría de las actividades económicas que allí se llevaban a cabo. Se revegetó el espacio y se crearon lagunas de agua dulce. Al mismo tiempo se abrieron otras de agua salada controladas mediante compuertas.

En el mes de julio de aquel mismo año quedaba inaugurado el Parque Ecológico de Plaiaundi, convertido hoy día en un lugar privilegiado para la observación de aves migratorias, donde se puede participar en las actividades que se llevan a cabo en el mismo parque, al aire libre y en el Centro de Interpretación, o simplemente disfrutar de un relajante paseo entre sus casi tres kilómetros de serpenteantes senderos. 

Llegará el día en que alguien encuentre una nueva y más adecuada ubicación a las actuales instalaciones deportivas y nuestro Plaiaundi recupere el esplendor que nunca debió perder.

Puestos a soñar, imaginen una pasarela peatonal sobre la regata de Zubimuxu que volviera a unir nuestro parque con el de Jaizubia, tal y como estuvo siglos atrás.

Alguien dijo que el único deber que tenemos con la historia es rescribirla.

 


 

Vista aérea de Plaiaundi


Fuentes consultadas: Proyecto de investigación del medio ambiente de Anunciata Ikerketa Mintegia - Fondo histórico y fototeca del  Archivo Municipal de Irun